Filosofía

Existen muchos acercamientos posibles a la hora de construir un clavecín hoy en día. Algunos constructores reproducen un instrumento intentando acercarse lo más posible al original, incluso usando algunas de las técnicas y herramientas que puedieron haber sido usadas en el pasado; otros son de la opinión de que “si los constructores del pasado hubieran tenido nuestra tecnilogía y herramientas modernas, hubieran hecho los instrumentos de un modo distinto”. Quién sabe.

Personalmente, pienso que copiar hasta el último detalle algo que alguien ha hecho hace cientos de años puede interpretarse como un tipo de perversión museística, y corre el riesgo de no contribuir de ningún modo al arte de la música, si no se hace con las ideas apropiadas como respaldo.

Aunque por otro lado, encuentro cuanto menos arrogante la falta de respeto por los maestros del pasado, pensar que sus instrumentos necesitaban nuestras mejoras. Es como la idea de que, si Bach hubiera tenido un piano de cola, lo hubiera usado, así que tenemos que tocar su música en un piano. Tal vez sí, tal vez no, pero el hecho es que él nunca tuvo un piano de cola, del mismo modo que los constructores antiguos no tuvieron las herramientas de hoy en día.

Creo que copiar un clavecín, o “mejorarlo”, solo funciona si se intenta atrapar el espíritu de los constructores de la antiguedad. No sólamente copiando sus técnicas, sino también aprendiendo y pensando del modo que ellos tuvieron que hacerlo, aprendiendo su tradición, su escuela, entendiendo por qué hacían algo de un modo determinado, lo cuál es lo que la mayoría de los constructores hace.

Esa es la razón por la que, en vez de la reproducción de modelos orginales, decidí diseñar mi propio ravalement de instrumentos Flamencos, aunque ya haya muchos clavecines Flamencos extendidos (como el famoso Rucker en Colmar).

Desde luego, el punto de partida siempre es un instrumento que existe, ya que se necesitan algunas medidas y conceptos específicos comunes a ciertos tipos de tradiciones de construcción.

Se ha de poner también un gran cuidado en la elección de la madera, especialmente para la tabla de armonía, y todas las partes que tengan una implicación directa en la producción y transmisión del sonido. Pasé una inmensa cantidad de tiempo experimentando, por ejemplo, la relación entre los diferentes grosores de la tabla de armonía, la longitud, grosor, tensión y material de las cuerdas, el corte y la madera del puente, hasta que entendí cómo afectaba exactamente a la calidad de sonido producido por cada tipo de instrumento.

Al ser yo mismo un clavecinista, siempre pongo una atención especial al mecanismo. Mis instrumentos son mundialmente conocidos por tener, aparte de un sonido bello, oscuro y redondo, un mecanismo perfecto, preciso, ligero y fiable.

Yo mismo fabrico cada pieza, y pruebo cada teclado durante dias, antes de que el instrumento salga del taller.